Viernes, 10 Mayo 2019 16:19

Pokémon: Detective Pikachu

Aunque ahora llegue a los cines como una de las películas más esperadas del año, Pokémon: Detective Pikachu se anunció en 2016 entre miradas de escepticismo y sorpresa. ¿Había necesidad de llevar a la gran pantalla una producción basada en aquel fenómeno que ya se explotó primero con los juegos de la Game Boy, luego como serie y recientemente con ese Pokémon Goque nos tuvo cazando criaturas durante horas por el Retiro? Y con Rob Letterman, director de Los viajes de Gulliver, Pesadillas y El espantatiburones, tras las cámaras. Ni siquiera el fichaje de Ryan Reynolds,que acababa de conquistar a los fans marvelitas con la desvergüenza de Deadpool, terminaba por convencernos de su potencial. 

Sin embargo, con el primer tráiler se disiparon los prejuicios y nacieron las ganas irrefrenables de adentrarnos en ese mundo de Pokémons hiperrealistas que conviven en paz y armonía con los humanos. El hecho de que esté inspirada en el videojuego homónimo de Nintendo y prescinda de Ash Ketchum, protagonista en la serie y las películas animadas, ya nos ponía sobre aviso de que esta historia tenía ambición. Pero fue el primer adelanto, protagonizado por ese Pikachu con el humor y la captura de movimiento facial de Reynolds, lo que nos encandiló. Ese Pikachu convertido en detective amnésico y parlanchín que suma fuerzas con Tim (Justice Smith) para buscar al padre de este por las calles de una Ryme City futurista, en colores de neón.

La película cumple con lo prometido. Es una delicia visual, poco más de hora y media en la que no pararás de decir “Ohhhhh” con cada nuevo Pokémon que haga acto de presencia, aunque sea por unos segundos. Sin embargo, ninguno, menos aún los personajes de carne y hueso (aunque el olfato periodístico de Kathryn Newton y su verborrea contagiosa bien merecen una mención especial), están a la altura de ese Pikachu esponjoso, guasón y adicto a la cafeína. El filme funciona como un divertimento con sobredosis de monería cuando ese bichín “pika pika” canta el tema de la serie de los 90 por un puente abandonado, masajea las patitas de Psyduck para evitar estresarlo o trastea entre papeles y tazas de café esparcidas por el suelo (método detectivesco y periodístico donde los haya) en busca de una pista. Es decir, cuando más próxima y sencilla se vuelve, sin buscar la espectacularidad.

Porque la baza ganadora está en los diálogos gamberros y, sobre todo, en esa ciudad soñada de humanos y Pokémons en la que nos hubiéramos quedado a vivir eternamente, sin necesidad de batallitas con Mewtwo ni una trama por lo demás simple que bebe por momentos de Zootrópolis. El filme no es ¿Quién engañó a Roger Rabbit? y te deja con ganas de profundizar más en el resto de criaturas (Jigglypuff, nosotros sabemos que tenías potencial), conocer mejor su relación con esos seres menos achuchables llamados humanos, pero, pese a todo, Detective Pikachu es sin duda una más que disfrutable y digna primera parte (aunque solo sea por la escena de los Bulbasaur y los Morelull, o a las caras de Snubbull) de una posible saga Pokémon con mucho peluchín adorable, con o sin gorro de detective, al que sacar partido. Con una secuela ya en marcha, esto huele a un pokémonverso que promete matarte de amor seas o no fan de la franquicia.

 

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