Lunes, 29 Abril 2019 20:31

En buenas manos

También a los franceses la maraña burocrática del Estado les supone un escollo difícil de superar pero, a diferencia de muchos otros ciudadanos del mundo, han sabido apoyarse en el cine para aprender a lidiar
con según qué procesos cuyas dinámicas, agotadoras y complejas, cuesta comprender. Hace apenas tres años la cineasta Katell Quillévéré puso en escena en Reparar a los vivos –adaptación de la novela de Maylis De Kerangal– la historia de un trasplante de corazón siguiendo un protocolario engranaje construido, además, de afectos. Ahora es Jeanne Herry con En buenas manos quien demuestra, otra vez a través de la ficción, que en la cobertura política de la vida la prioridad son los cuidados.

Aquí, por el contrario, no seguimos el destino de un órgano en su viaje de un cuerpo a otro, sino que somos testigos del encuentro entre un recién nacido y su madre adoptiva, dos vidas unidas gracias a una cautelosa red de protección del menor, cuyo derecho a la infancia y a la familia están por encima, se nos recuerda, del de los adultos a ser padres. Con un notable reparto coral (la mítica Miou-Miou, madre de la directora, Sandrine KiberlainGilles Lellouche, Élodie Bouchez), Herry consigue interpelar a las emociones del espectador en su humanización del largo procedimiento de adopción, aunque su mirada no logra esquivar ese aspecto propagandístico sobre las bondades de la madre patria.

 

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